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recetas falsas

2/6/2021

Recetas falsas, ¿cómo reconocerlas?

Uno de los elementos principales en torno a los que gira la oficina de farmacia es la receta. Podemos encontrar distintos tipos de recetas, tanto en formato papel como en formato electrónico.

Entre las recetas de papel, mayoritariamente llegan a la farmacia  las recetas del Sistema Nacional de Salud.  Éstas, a pesar de tener un formato base común, difieren en  diseño según su  Comunidad Autónoma de procedencia. Y le siguen en porcentaje las recetas correspondientes a mutualidades como la mutualidad de funcionarios del estado (MUFACE), de las fuerzas armadas (ISFAS) o de la mutua general judicial (MUGEJU). También en formato papel llegan recetas que provienen de algunas mutuas de accidente de trabajo como Fremap y Asepeyo,  recetas de seguro libre de Adeslas, Sanitas o Mercadona. Así como por supuesto un número indefinido y en crecimiento de recetas privadas.

En todos estos casos, cada modalidad  tiene una receta oficial en la que se deben llevar a cabo las prescripciones por parte de los médicos. Para que en la oficina de farmacia pueda llevar a cabo la dispensación de manera correcta.  Sólo se deben aceptar las recetas oficiales, debidamente cumplimentadas. Esto es, con los datos necesarios del paciente (nombre, apellidos, identificación, tipo de aportación en caso de recetas financiadas por la seguridad social), médico (nombre, apellidos, nº de colegiado, firma y CIAS (en caso de las de la seguridad social) y prescripción (principio activo/medicamento, dosis, forma farmacéutica…). En el caso de estar incompleta, por carecer  de alguno de estos datos será el farmacéutico quien la tendrá que  cumplimentar. Y es necesaria su firma en determinadas ocasiones para poder diligenciar la receta.

Distinguir una receta falsa

Detectar si una receta está falsificada puede ser complicado en el caso de recetas privadas de papel. Sobre todo cuando todos los datos vienen cumplimentados correctamente. Sin embargo, en el caso de recetas de la seguridad social, mutuas, etc… es más fácil detectarlo pues es complicado falsificar una receta con  formato oficial, en cuanto al  color y tipo de papel o más concretamente si proviene de un talonario. Pero para el que busca engañar nada es imposible. En ocasiones la farmacia recibe comunicaciones  por parte del colegio oficial de farmacéuticos. En ellos se le informa y alerta bien de la sustracción de un talonario con una determinada numeración o de su sello oficial  a un médico, lo que ayuda al titular y al equipo de la farmacia a estar más pendientes ante la posible llegada de una receta falsa. Pero también del uso ilícito de un determinado medicamento teniendo que controlar aun más si cabe el tipo de  prescripciones que llegan de esta referencia en concreto.

Contamos también prácticamente del todo con la receta electrónica. Y sabemos que las primeras en instaurarse fueron las de  seguridad social por comunidades. Con ello se consiguió este sistema en  todas a  lo largo de los últimos años para también dar paso más tarde a las electrónicas  de las  mutuas tipo MUFACE, ISFAS, MUGEJU. sin olvidar la receta electrónica  privada, que aceleró su implantación como consecuencia de la pandemia lo que agilizó el proceso de instauración de este tipo de recetas.

Recetas electrónicas falsas

Desde el punto de vista de la falsificación, en la electrónica es más complicado llevarla a cabo. Y, por supuesto, más complicado detectarla, ya que el paciente acude a la farmacia con una tarjeta o un código QR en su móvil. A través de éste, el farmacéutico accede a la medicación que tiene disponible y puede llevar a cabo su dispensación. Además en caso de considerar que hay un fallo importante, el farmacéutico podría llevar a cabo un bloqueo cautelar de la medicación existente en la receta para que no pueda dispensarse en ninguna oficina de farmacia.

En cualquier caso, falsificar cualquier tipo de receta constituye un delito. Y los farmacéuticos debemos velar por la salud de nuestros pacientes vigilando de cerca cualquier ocasión que nos parezca sospechosa. Así, ante la duda, debemos hablar con el médico prescriptor para confirmar que la prescripción a un paciente en concreto es correcta.

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